LA
PIEL
La piel es
un órgano superficial que reviste y protege la superficie
externa de nuestro organismo.
Su extensión es de 1,6 a 2 m2, su espesor de 1,5 a 4 milímetros,
y pesa alrededor de 5 kilos. Se trata de un tejido con una enorme
vitalidad, que actúa como barrera entre el mundo exterior
y el organismo, y que precisa unos cuidados que a veces no le brindamos.
Al contrario, resulta más habitual someterla a agresiones
que la deterioran y la enferman, envejeciéndola prematuramente.
Tres estratos
componen la piel:
La epidermis: la capa más superficial, formada por
varios estratos celulares. Del más inferior, el germinativo, parte
la regeneración celular. Es ahí donde constantemente se crean
células nuevas que ascienden y se transforman hasta constituir la
capa córnea, el otro estrato celular, que cumple una función
protectora vital.
Este estrato córneo se encuentra recubierto por una fina
capa hidrolipídica con un pH ligeramente ácido, donde
la mayoría de los gérmenes, bacterias, hongos y virus
encuentran condiciones adversas para vivir y propagarse. Este manto ácido
nos defiende de las infecciones y por eso resulta tan importante
no alterarlo.
La dermis: tejido conjuntivo que fortalece la
piel, le aporta elasticidad y textura por su composición a base de fibras, agua y
un gel compuesto de azúcares y proteínas. En la dermis se sitúan
los vasos sanguíneos, los linfáticos, los nervios, las glándulas
sudoríparas y los folículos pilosos.
El
tejido graso subcutáneo: integrado por células
adiposas y tejido conjuntivo. Más de la mitad de la grasa
del organismo se encuentra aquí.
Sus funciones
La piel cumple
numerosas funciones. Constituye, ante todo, una barrera frente
al mundo exterior, que nos defiende de agresiones ambientales
térmicas y químicas, radiaciones y microorganismos.
Nos impermeabiliza,
amortigua los golpes, regula la temperatura corporal, permite
sentir numerosas sensaciones y juega un papel esencial en la
comunicación psico-social, la afectividad y el placer.
El aspecto
de la piel, especialmente a nivel facial, deviene fundamental
para valorar en una persona la edad, el estado anímico
y el carácter. Pero también en la piel se manifiestan
enfermedades internas.
Cuídela,
su piel se lo agradecerá
El estado
y apariencia de este órgano externo determinan la imagen
de uno mismo y por ello se le prodigan tantos cuidados desde
tiempos remotos. Hasta hace unas décadas
únicamente las mujeres mimaban su piel. Los hombres descuidaban
su cutis, por considerar ciertas prácticas como signos de
afeminamiento. Pero la piel precisa los mismos cuidados en ambos
sexos y éstos deben ser exquisitos, si queremos que, además
de ofrecer un aspecto sano, cumpla con las funciones encomendadas.
Desgraciadamente, algunos de los cuidados de antaño han
resultado ser auténticas agresiones para la piel y aunque
en la actualidad se ha mejorado en el conocimiento de su fisiología,
todavía se somete este tejido a ciertas torturas.
La vida cotidiana, las tareas caseras, el trabajo en las fábricas,
los jabones y mejunjes inadecuados, el maquillaje, el estrés,
la tensión, la contaminación, etc. dañan este
delicado pero al mismo tiempo resistente tejido. En verano a las
agresiones habituales se le suman el exceso de radiación
solar, el agua salada y de las piscinas, la utilización
de cremas, la pérdida de agua por sudoración, etc.
Por todo ello, resulta fundamental aumentar los cuidados de la
piel, mimarla más que nunca. Debemos procurar mantenerla
intacta y ello supone conservar su manto
ácido, cuidar su estrato córneo, hidratarla y no
alterar su capa lipídica.
Cualquier modificación de estas características produce
efectos comdañinos, provocando cambios en su aspecto y en
su cometido defensivo.
Como envejece
nuestra piel
El paso de
los años es el peor enemigo de la piel y todavía
no se conoce nada para evitarlo. La piel envejece y este proceso
acarrea cambios:
Tiende a resecarse
porque retiene menos agua y disminuye su manto lipídico.
A menudo esta desecación se acompaña de picor,
el prurito senil, muy molesto y que por regla general comienza
en las extremidades inferiores, para ascender por todo el cuerpo
si no se remedia. Este picor se exacerba con el frío,
la sequedad ambiental y los cambios bruscos de temperatura. El
70% de las personas mayores de 75 años lo padecen.
Se vuelve
más fina, pierde elasticidad y aparecen las arrugas.
La vascularización
se reduce, por lo que la piel se torna más blanca y pálida.
Pierde capacidad regenerativa y las pequeñas heridas,
raspaduras, etc. tardan más en curar. Al perder capacidad
regeneradora, las células córneas se acumulan y
la piel se vuelve más áspera. A pesar de que todavía
hoy no se no hay nada para combatir el paso del tiempo, podemos
retrasar el proceso de envejecimiento de la piel cuidándola
adecuadamente y evitando las agresiones externas.
Consejos para
el cuidado de la piel
Utilice siempre
jabones que no alteren el pH ácido de la piel y que no
desengrasen. No se jabone en exceso. De vez en cuando, dúchese
sin utilizar jabón, se abusa de ellos. Deje correr el
agua por la piel y después aplíquese aceite corporal
en húmedo. La temperatura del agua no debe superar los
37-38 grados.
Si en casa
o en el trabajo utiliza desengrasantes, disolventes, alcoholes
o similares, protéjase con guantes adecuados o productos
específicos para la piel. Por mucho que se haya ensuciado,
no use nunca preparados abrasivos para lavarse.
Una buena hidratación resulta imprescindible, beba entre
1,5 a 2 litros diarios.
Practique
ejercicio físico moderado: activa y mejora la circulación
sanguínea y linfática de la piel, y le otorga un
aspecto más saludable, fresco y terso.
La dieta es
también importante. Las vitaminas y minerales que contienen
las frutas, verduras y hortalizas contribuyen a que la piel se
mantenga joven. La vitamina A repara el colágeno y suaviza
las arrugas. La vitamina C parece que aporta a la piel más
elasticidad y flexibilidad y atenúa las arrugas, y un
derivado de la vitamina A, el ácido retinoico, disminuye
las pigmentaciones anómalas.
Si mantiene una actividad estresante, practique la relajación.
El estrés produce vasoconstricción de los capilares
y disminuye el riego de la piel.
La actividad
reparadora del sueño es máxima para la piel por
la noche. Los beneficios de un buen descanso se reflejan en la
piel.
Use, a ser posible, ropa de algodón. Cuidado con la exposiciones
al sol. La radiación solar, además de incrementar
el riesgo de cáncer cutáneo, acelera el envejecimiento
de la piel.
Cuidado de
la piel
Agua, vitaminas
y minerales, aliados de la piel
La piel se renueva constantemente por lo que requiere un aporte
incesante de nutrientes
Mantener la piel en buen estado no sólo depende de factores
hereditarios o de no sufrir alteraciones cutáneas como dermatitis,
psoriasis o similares. Gran parte de su aspecto obedece directamente
a los cuidados que le dispensamos. Entre lo que conviene evitar
destacan la exposición al sol sin protección, el
aire acondicionado, el tabaco, la contaminación ambiental
o un estilo de vida inadecuados (mala alimentación, sedentarismo,
estrés emocional…). Por el contrario, una dieta y
un estilo de vida equilibrados serán grandes aliados para
que luzca sana. Además del agua, las vitaminas (como la
A, B, C y E) no deben faltar en nuestra alimentación y lo
mismo puede decirse de minerales como el selenio, el cinc o el
hierro.
Alteraciones
en la piel
La piel se
renueva constantemente: mudamos nuestra piel cada 28 días.
Se calcula que una persona produce unos cien kilos de células
de epidermis a lo largo de su vida. Esa permanente renovación
requiere un aporte continuado de nutrientes, pues son esenciales
para la piel y su déficit en la dieta ocasiona alteraciones
en su crecimiento y apariencia. Por tanto, una alimentación
que asegure el aporte correcto de todos ellos contribuye a mantenerla
en perfecto estado de salud, a prevenir o a disminuir las arrugas
en gran medida y a mantener la frescura del cutis.
|