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LA
SANTA MUERTE
Sus
inicios se pierden entre las explicaciones de los estudiosos y de
los supersticiones populares. Pero en su mayoría las fuentes
consultadas coinciden en que si bien se fortaleció o hasta
revivió en la última década, el culto empezó
en Hidalgo en 1965 y actualmente se practica en estados como el
de México,Baja California (Tijuana).Guerrero, Veracruz, Tamaulipas,
Campeche, Morelos, Nuevo León, Chihuahua o Tamaulipas y por
supuesto en el Distrito Federal, principalmente en el barrio de
Tepito.
El culto a la Santa Muerte ha sido ligado por las autoridades a
la violencia cometida por el narcotráfico y a la prostitución.
¿La excusa? En Sinaloa, ejecutados en las últimas
rachas violentas contra el narco mostraban tatuajes, anillos y dijes
con su imagen.
En
México los altares están repletos de ofrendas y velas
multicolores, mientras que a su alrededor se postran sus fieles
seguidores con voces de arrepentimiento y devoción. Sin embargo,
no se trata de una representación virginal religiosa, sino
de la escalofriante imagen de una siniestra calavera.
La tenebrosa figura es reconocida en México como la "Santa
Muerte" y es idolatrada por un considerable número de
adeptos que se incrementa a diario .
Se dice que su día oficial fue el pasado 15 de agosto, declarado
como "Día de la Santa Muerte" por sus fieles.
De manera similar a un santo de la religión católica,
su imagen cuenta con una estatua, aunque ésta consista de
un esqueleto envuelto en un vestido y velo brillantes, con una cabellera
larga y lacia, y unas manos cuyos huesos son adornados con anillos
y joyas de perlas, oro y plata, mientras sostiene una guadaña
amenazante.
A
pesar de que el culto contemporáneo a la imagen surgiera
alrededor del año 1965, historiadores remontan su origen
tres mil años atrás, en la época prehispánica.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Desde sus inicios, la cultura mexicana ha mantenido una relación
cercana y hasta reverente hacia la muerte, relación que con
el tiempo se convirtió en un culto que llegó a extenderse
por muchos rincones y civilizaciones del México antiguo,
entre ellos la de los mexicas.
Conocidos también como aztecas, los mexicas mantenían
como parte de sus creencias al culto de dos dioses, Mictlantecuhtli
y Mictecacihuatl, "señor " y "señora"
de la obscuridad y la muerte, a quienes no sólo se les encomendaba
los difuntos, sino que también se les invocaba para conseguir
otros favores relacionados con la muerte.
La
colonización española logró disminuir el culto
a la muerte, pero no erradicarlo, de manera que permaneció
oculto hasta el siglo XIX, cuando ocurrió un resurgimiento
en su devoción.
Debido a la creencia de que prefiere no ser llamada por su nombre,
se dice que la muerte agradece si es nombrada con cariño
con el uso de alguno de sus apodos favoritos, tales como "La
Comadre", "La Bonita", "La Flaca", "la
Señora" o "La Niña".
Hoy la veneración a esta deidad se extiende por varias regiones
del territorio mexicano, siendo narcotraficantes y otros delincuentes
sus más fervientes creyentes.
Aunque la Iglesia Católica condena esta veneración,
denominándola como "pecaminosa", algunos asocian
esta práctica con la Iglesia. Mientras tanto a la mayoría
de sus seguidores parece no importarle la contradicción entre
su religión y el culto pagano a "La Comadre".
Por
ello, se organizan rituales similares a los cristianos, incluyendo
procesiones y oraciones con el fin de ganar su favor.
Muchos hasta llegan a erigir su propio altar en su hogar, oficina
o negocio para sentirse protegidos por ella. El altar suele consistir
de una estatuilla cuyas medidas va de 15 centímetros a tamaño
humano, rodeada de distintas ofrendas, entre las cuales se encuentran
arreglos florales, frutas, inciensos, vinos, monedas, dulces y golosinas,
además de velas, cuyo color varía de acuerdo a la
petición.
Como elementos indispensables se exigen los puros, los cuales deben
estar constantemente encendidos, y el imprescindible pedazo de pan.
La
gente acude a ella para pedirle milagros o favores relacionados
con el amor, la salud o el trabajo.
Por otro lado, también se le pide por fines malévolos,
tales como la venganza y la muerte de otros.
Sus simpatizantes suelen identificarse al portar algún dije
o escapulario de su imagen, mientras que otros optan por llevar
su figura de manera indeleble, al tatuársela en la piel.
Inicialmente
su devoción era exclusiva de criminales, incluyendo contrabandistas,
pandilleros, ladrones y prostitutas, quienes suelen hacerle peticiones,
tales como el librarles de las balas de la policía o de cualquier
otro mal, como por ejemplo, la cárcel.
El escritor y poeta mexicano Homero Aridjis, autor del libro "La
Santa Muerte", ha seguido y ha documentado este fenómeno
desde muy cerca.
En una entrevista, llegó a comentar que hay personas que
incluso llegan a pedirle a la "deidad" que "les ayude
a secuestrar o a asaltar a alguien".
Contradictoriamente, es fácil encontrar devotos del otro
lado de la ley, entre ellos militares y policías, quienes
piden una bendición para su pistola y sus balas. Incluso,
la devoción a "La Flaca" se ha convertido en algo
popular dentro de la elite política y empresarial.
Aquellos
que acuden a su altar la veneran como si fuese una santa, persignándose
y rezándole para que se cumplan sus peticiones.
El apego a esta creencia se ha extendido al territorio estadounidense
con la inmigración de varios de sus discípulos, quienes
afirman haber entregado su travesía a su "santa",
llevando entre sus ropas imágenes de ella para mantener su
continua protección.
A ella dicen deberle el lograr cruzar la frontera "sanos y
salvos".
Por su parte, la Iglesia afirma que el culto a la muerte es una
"equivocación", ya que no es ninguna santa, mientras
que sus fieles continúan vendiendo amuletos, devocionarios
y escapularios con su imagen.
Para sus críticos, les será muy difícil eliminar
el fervor que existe entre sus fieles creyentes.
Para sus seguidores, quizás sea simplemente el anhelo de
querer creer en algo, aunque sea algo tan sombrío como la
muerte, o tal vez sea un intento por restarle miedo al destino humano
y simplemente ornamentarlo, preservando como tradición la
imagen del mismo.
LA
SANTA MUERTE EN TEPITO
En la calle de Alfarería, en el corazón del peligroso
“barrio bravo” de Tepito de la capital mexicana, una
pareja de mediana edad decidió hace dos años improvisar
un altar a la “Santa Muerte”, convirtiendo el lugar
en uno de los recintos más importantes dedicados a este culto
en la megalópolis.
“Le pusimos el altar a la ‘Niña’ porque
nos regalaron la imagen, como es grande la instalamos afuera de
la casa y desde entonces cada mes la calle se llena, yo creo que
ya han venido miles a rezarle”, comentó Raymundo Olvera,
el propietario del peculiar templo.
El culto a la “Santa Muerte”, tal y como hoy se conoce
en México, tuvo su origen en el estado de Veracruz (este),
en donde un hombre “recibió la aparición de
la ‘Reina’ y le dijo que la diera a conocer, y desde
entonces se extendió por todo el país”, explicó
Guillermo Cruz, que como ahijado de los propietarios del altar,
introduce a los visitantes en la historia de la santa.
La “Santa Muerte” que se exhibe en el altar de Alfarería
es una figura de cerámica de metro y medio, con las manos
y la cara simulando un esqueleto. Esta semana viste una túnica
blanca, que simboliza salud y dinero.
La efigie está rodeada de ofrendas y veladoras, entre las
que se destacan copas de tequila, cigarrillos y puros, chocolates,
flores, frutas, cervezas y dinero.
“A ella le gusta fumar y beber, y lo que se le ofrece depende
también de lo que uno esté pidiéndole. Yo,
además de cambiarle cada semana sus ropas, me encargo de
acomodar el altar porque a veces no caben todos los regalos que
le traen”, dijo Enriqueta Romero, que junto con Raymundo Olvera,
dedica su vida al templo de esta santa proscrita por la Iglesia
católica.
QUIÉNES
LE REZAN
Considerada la patrona de narcotraficantes, presos y personas dedicadas
a actividades ilícitas, la “Santa Muerte” también
se ha convertido de manera creciente en el apoyo espiritual de los
marginados de México.
“Yo vengo cada mes a rezarle su rosario porque me salvó
del ‘reclu’ (prisión), me habían acusado
de homicidio y después de rezarle se comprobó que
yo sólo había golpeado a una mujer, porque ella y
otras se ‘me vinieron’ (agredieron) primero”,
explicó Norma, de 29 años, quien en la entrevista
utilizó un nombre falso por “protección”.
El escritor mexicano Homero Aridjis, autor de la novela “La
Santa Muerte”, realizó una exhaustiva investigación
sobre el creciente culto a la “Santa Muerte” en México,
una actividad que a pesar de estar condenada por la Iglesia católica,
tiene miles de adeptos en las zonas marginadas del país.
Una parranda secreta de 24 horas en casa de un capo mafioso, a la
que fue invitado el escritor, inspiró su nueva novela sobre
el creciente culto a la “Santa Muerte”.
“Yo estuve en una larga fiesta de 24 horas en la que había
narcotraficantes y connotados políticos y generales mexicanos.
Ahí tuve mi primer encuentro con la ‘Santa Muerte’”,
dijo Aridjis.
En la novela, como en la vida real, se describe un amplio catálogo
social en el que “narcos” (traficantes de drogas), niños
de la calle, ladrones, prostitutas y presos se encomiendan a la
“Santa Muerte”, aunque los templos dedicados a ésta
en México también son visitados por quienes no encuentran
respuestas en el catolicismo institucional.
A la Santa Muerte, dijo, también se le conoce como la “Verdadera
reina de la vida”, como también se le llama coloquialmente
a la muerte santificada.
“No todos los que creen en esta santa son delincuentes, muchos
de los fieles son hombres y mujeres marginados socialmente, que
viven en barrios muy peligrosos y se encomiendan a la muerte para
que ésta los proteja”, apuntó.
“Esta santa es una hacedora de milagros, encontré a
una mujer que me dijo que le salvó a un hijo enfermo que
fue operado, y hay otros que narran que se volvieron invisibles
cuando alguien intentaba asaltarlos”, detalló Aridjis.
SU
TEMPLO
La “Niña Blanca”, como también es llamada,
debe colocarse en un lugar con techo de color púrpura. “El
altar estará orientado hacia el poniente, rumbo por donde
la luz solar entrega sus últimos destellos”, según
exige la literatura especializada, que por cierto -junto con las
velas, las ofrendas y otros accesorios del ritual- representan un
buen negocio para el matrimonio Olvera-Romero.
“Cada quien sabe lo que le pide. Si alguien anda en malos
pasos, ella sabrá si le concede el deseo, pero sobre todo,
se le ruega tener una muerte tranquila”, concluyó Guillermo
Cruz.
Lejos del tradicional conformismo mexicano que explica los problemas
y tragedias íntimas “porque Dios así lo quiere”,
quienes se acercan a la “Santa Muerte” son practicantes
activos “que piden protección contra la violencia,
la pobreza, la inseguridad (ciudadana) y otros problemas de nuestra
época”, explicó.
“LA SEÑORA”
EL ORIGEN.- La “Santa Muerte” en México se remonta
a la época prehispánica cuando se adoraba a “Mictlantecuhtli”
y a “Mictecacihuatl”, el señor y la señora
del “Mictlan”, la región de los muertos para
los antiguos aztecas.
COAHTLICUE.- A la llegada de los españoles a México
en 1519, los indígenas también creían en Coahtlicue,
la diosa de la muerte, cuyo día festivo con posterioridad
se trasladó al tradicional día de muertos mexicano,
que se celebra el 1 de noviembre.
MEZCLA.- “El culto es sincrético (pretende conciliar
varias doctrinas diferentes) y ha mezclado sus orígenes prehispánicos
con una parte del catolicismo, igual que como sucedió con
la virgen de Guadalupe, que empezó a ser venerada en lugar
de la diosa azteca Tonantzin”, explico Homero Aridjis, escritor
mexicano.
ASPECTO.- Portando una guadaña (cuchilla corva ensartada
en un palo, que se usa para cegar a ras de tierra), vestida de blanco,
negro o púrpura, la santa es la figura de un esqueleto de
cerámica en donde destacan las profundas cuencas de sus ojos
y unas huesudas manos que en ocasiones son ataviadas con joyas o
se entretienen portando un cigarrillo.
SE LE REZA.- A la “Señora”, como también
es llamada, se le reza un rosario el primer día de cada mes,
además de que en su honor hay decenas de oraciones en las
que se le pide “atraer al ser amado”, “fortuna
en el hogar y en el trabajo”, “limpiar un negocio”,
y tener éxito en actividades ilícitas. En cada plegaria
los creyentes de la santa prohibida suelen repetir la frase “Muerte
querida de mi corazón, no me desampares de tu protección”.
TATUAJES DE
LA SANTA MUERTE
Entre los seguidores
del culto a la SANTA MUERTE existe una pràctica que es muy
comùn: tatuarse su imagen.
A continuación
amigos lectores les proporcionamos una galeria de tatuajes con el
tema de la SANTA NIÑA BLANCA.
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